Si no nos pagas, matamos a tu hijo

Ésta es la escalofriante amenaza que recibió la semana pasada la familia de un niño chino de 13 años. El adolescente, que cuenta con nacionalidad española, había desaparecido cuando regresaba del colegio a su casa. Los captores, del mismo origen, pedían primero 300.000 euros. Luego rebajaron sus pretensiones a 150.000. Y, en una operación policial limpia y de película, los agentes consiguieron liberar al chaval en apenas 48 horas. Nada más llegar a casa, lo primero que hizo fue ponerse a jugar con sus amigos.

Los hechos se produjeron el pasado día 2 de octubre, a las cinco de la tarde. El menor acababa de salir de clase, en Pinto, acompañado de una prima y de un compañero. Luego, se separó de ellos y, según fuentes policiales, sólo transitó 50 metros sin compañía cuando le abordaron unos desconocidos con una furgoneta. Rápidamente, le introdujeron en su interior y le ordenaron que se hiciera el dormido. Los secuestradores no «trabajaron» a la ligera. Desde hacía mes, quizá un par de ellos, actuando como informantes, llevaban haciendo un seguimiento a la víctima y su familia. El padre del chico es un importante industrial chino, que cuenta con más de 300 empleados en el polígono industrial de Cobo Calleja, en Fuenlabrada, considerado el «Chinatown» madrileño.Lo que en un principio tenía aspecto de que iba a ser una operación bastante larga se logró culminar en apenas 48 horasLa Policía tuvo constancia del suceso a las 20.30 de ese mismo día. La familia había presentado la denuncia por la detención ilegal en la sede de la Unidad contra las Redes de Inmigración y Falsedad Documental de Madrid (Ucrif). Los agentes del Grupo XII de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV) de Madrid y del Grupo V de la Ucrif (especializado en asiáticos) se pusieron manos a la obra.
Lo que en un principio tenía aspecto de que iba a ser una operación bastante larga se logró culminar en apenas 48 horas, explicaron los responsables de la UDEV madrileña y del Grupo V de la Ucrif. Los agentes se personaron en el domicilio familiar, para dar apoyo psicológico a los padres e instrucciones sobre cómo tenían que actuar ante las pretensiones pecuniarias de los raptores. En las primeras llamadas, que realizaba la banda con diferentes tarjetas y números de móvil para dificultar ser localizados, pedían 300.000 euros.
Pinchazos telefónicos
A las ocho de la mañana del día 3, bajaron sus pretensiones a los 150.000 euros. Con el permiso del juzgado de Instrucción número 3 de Parla, la Policía procedió a la intervención de las llamadas telefónicas. Y éstas se sucedían una y otra vez. «Pensamos que nos iba a costar dar con el paradero del niño», indicó un mando.
A la medianoche del 3 al 4, se abren los dispositivos. Hasta 50 agentes han participado en la operación, incluido un grupo de GEO, a instancias del propio jefe superior de Policía de Madrid, Carlos Rubio. A las ocho de la mañana del día 4, nuevas llamadas. Los secuestradores ponen más condiciones: el dinero debe ser entregado con un coche en el que viajen dos personas chinas; luego, cambian el tercio: será sólo una persona y el dinero ha de estar visible en los asientos traseros del vehículo.
Todos los movimientos están siendo milimétricamente controlados por la Policía. «La banda exige ver el dinero, que, aunque no en su totalidad, nos es facilitado. Los delincuentes pudieron ver, tocar y palpar los 150.000 euros», indican en la UDEV de Madrid.En un taxi llegó un tercer delincuente con el chaval, procedentes de la pensión de la calle de las Tres Cruces, donde le metieron, envuelto en una manta y obligándole a hacerse el dormido como dos días antes«Vamos armados»
Se reciben numerosas llamadas. En una de ellas, se concreta la cita: un familiar del capturado, un tío, ha de presentarse en la glorieta de Atocha. Y así lo hace, en su Mercedes. Pero, desde allí, comienza a recibir nuevas instrucciones, para marear a la Policía en caso de que estuviera tras sus talones, como era el caso. Es más, en otra de las llamadas, advierten: «No avises a la Policía, porque vamos completamente armados», algo que luego se comprobó que era falso.
Así es como tuvieron al tío del adolescente y a la Policía dando cinco o seis vueltas en torno al Monumento del 11-M, luego al centro, a la plaza de España... Y, allí, en una zona donde abunda la comunidad asiática, junto al mercado de los Mostenses, ordenaron que se parase y que reculase el coche.
Fue entonces cuando dos chinos, Jie L., de 23 años, y Cheng Guo Z., de 24, ambos con antecedentes por extorsión, se subieron a la parte trasera del coche. «No mires hacia atrás». Y volvieron a marear al conductor y a la Policía con inverosímiles recorridos idénticos a los anteriores. Hubo que alternar los dispositivos para no ser descubiertos. Pero la Policía necesitaba una prueba de vida. Saber que el chico estaba vivo. Que seguía bien. Y lo descubrieron poco después, cuando el Mercedes llegó a la altura del número 156 del paseo de Extremadura. Allí es donde se iba a producir el intercambio. En un taxi llegó un tercer delincuente con el chaval, procedentes de la pensión de la calle de las Tres Cruces, 4 (Centro), donde le metieron, envuelto en una manta y obligándole a hacerse el dormido como dos días antes. Fue entonces, cuando la banda cogía el dinero para huir, el momento en que se produjeron los arrestos.

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