Cómo aprender a mentir
Cuando mentimos el subconsciente actúa de forma automática e independientemente de nuestra mentira verbal (la frase), es decir que nuestro cuerpo nos delata. Esa es la parte que debes controlar o por lo menos evitar ciertos patrones básicos para no ser descubierto. Este es el motivo por el que “se le pilla antes a un mentiroso que a un cojo”, a pesar de la convicción que pueda poner en su relato.
Cuando alguien miente, el cuerpo envía señales contradictorias y éstas aunque no las conozcamos son las que nos dan la sensación de que nos están mintiendo. Ese “algo” que sabemos que no nos gusta de lo que nos han contado es el resultado de la información gestual que hemos recibido; porque el buen observador vé lo que nadie vé tras las palabras. Una persona honesta contesta enseguida, habla en primera persona y no lo incomodan los silencios. El lenguaje corporal del mentiroso es el gesto excesivo o la represión para no ser descubierto.
Así que, el primer paso que deberías dar es el de creerte tus propias mentiras para evitar los mensajes que tu cuerpo lanza a tu oyente, no seas muy exagerado, empieza por mentiras simples no entrelazadas ni adornadas porque se trata de que analices los gestos que realizas cuando mientes.
Si analizamos un poco nuestra sociedad nos damos cuenta de que hay profesiones en los que la mentira forma parte de su tarea diaria, como los abogados, políticos, actores… estos individuos han tenido que evitar esas señales gestuales contradictorias signo del engaño.
Hay algunos signos que delatan a las mentiras, aunque es necesario tener en cuenta que a veces estos son acumulaciones de diferentes sensaciones como ira, dolor, decepción, por lo que no se pueden clasificar como signo total de la intención del engaño. Cuando se miente se utilizan menos gestos y el cuerpo puede estar prácticamente inmóvil, como si temiera que fuese a delatar su mentira en cualquier momento. En general cuando mentimos aumentamos nuestro autocontacto porque nos sentimos incómodos, nos pellizcamos la cara, el cuello o estiramos nerviosamente los dedos.
A veces aparecen gestos nerviosos, como mover los pies o golpear el suelo con estos, tocarse la boca, o medio taparla y rascarse la nariz; tocarse los ojos como una manera de evitar mirar a quien estamos mintiendo (tocarse o frotarse los ojos puede indicar también deseos de terminar la conversación por cualquier motivo). Los ojos de la persona que miente intentan evitar a toda costa la mirada del interlocutor, aparta y vuelve a fijar la vista rápidamente, aumenta la frecuencia del parpadeo y es mayor el tiempo durante el cual los ojos permanecen cerrados al parpadear. También una deglución forzada, sobre todo si es aislada, indica que la palabra o frase ha provocado una tensión negativa, es el resultado de tener miedo a ser descubierto. En los hombres es más fácil de descubrir por el movimiento que la nuez produce en este acto.
¿Cuál es la mejor forma de practicar? Ponerte delante de un espejo como si fueras un actor, ponerte en la situación de que estás hablando con un amigo al que le dices una mentira y evita los gestos anteriores. Poco a poco empezarás a saber controlar los gestos de tu cara y a mantenerla cada vez más rígida e inmutable.
De todos modos, considero que lo más recomendable es evitar la mentira a toda costa, ya que lo que puede ser una solución momentánea puede convertirse en un grave problema del que no puedas salir y con el que tengas que reconocer tu engaño. No creo que sea necesario recordar la moraleja del cuento del pastor y el lobo.
Más vale una verdad aunque cueste que una mentira, ya que ésta más tarde o más temprano se volverá contra nosotros.
















1 comentarios:
Esta muy bien el relato que has escrito, el único fallo ha sido la fotografia, como ejemplo del buen mentiroso habria puesto la foto de Zapatero, solo como ilustración, no por nada mas. No sean mal pensados.
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