Zapatero reconoce ahora su preocupación por la crisis ante un PSOE sin receta económica
José Luis Rodríguez Zapatero asumió ayer en su discurso la «preocupación» por la situación económica que hay en la calle, para dar a los ciudadanos la «certidumbre» que le es exigible a cualquier Gobierno. Sigue sin reconocer la palabra «crisis» -es más, acusó al PP de «regodearse» en ella para intentar llegar al poder-, pero los 995 delegados del PSOE y los invitados que asistieron a la clausura del 37 Congreso del partido pudieron ver a un presidente del Gobierno más comprensivo con las sensaciones del ciudadano medio.
Adelantó que «vamos a pasar meses complicados, pero la fortaleza de la economía española ayudará a superarlos». Pese a este reconocimiento de los problemas económicos, el cónclave socialista no ha ofrecido en todo el fin de semana recetas de peso para atajar esta situación, más allá de la negativa a la ampliación de la jornada laboral a 65 horas (idea que proviene de Europa) y una referencia casi genérica a la «flexiseguridad».
Zapatero explicó por qué mantiene su optimismo a prueba de bomba: «La inversión extranjera en estos primeros meses del año ha superado en más del 50 por ciento la del año pasado, cuando nadie dudaba de que las cosas iban bien: más de 16.000 millones de euros. Todos esos inversores extranjeros confían en nuestro país, y entonces pregunto: ¿pero es que alguien puede pretender que el presidente del Gobierno de España exprese menos confianza en la capacidad y en el futuro de nuestra economía que quienes vienen de fuera a invertir aquí?».
Eso no significa, añadió, que él no comparta la preocupación de todo el país, en especial los sectores que más acusan la subida de las hipotecas y el precio del petróleo. «¿Cómo no vamos a sentir y compartir esta preocupación si ellos son quienes dan sentido primordial a nuestra acción política?», se preguntó para, a renglón seguido, responderse: «Preocupación y capacidad de respuesta, sí, por supuesto; pero regodeo en las dificultades, no». Le escuchaban, los secretarios generales de UGT y CC.OO. y el presidente de la CEOE. A éste le lanzó piropos que hicieron aplaudir al auditorio por ser, como la mayoría de los empresarios españoles, «emprendedores» y «responsables».
El líder socialista contrapuso ese modelo al de quienes «se dejan llevar por el fatalismo histórico de este país, quienes dudan de nuestras posibilidades, quienes nos creen inevitablemente débiles en cuanto las cosas se tuercen», y que son los que nunca sufren consecuencias económicas. A Mariano Rajoy y el PP los incluyó en este último apartado, pero con el agravante de que «llaman y se apuntan con fruición a la crisis porque aspiran a que las drásticas recetas para salir de ella reacomoden ventajosamente sus intereses».
Rajoy no tiene «coraje», insistió, para decir a los ciudadanos qué haría él ante la situación económica que vive España. En este punto, comparó las decisiones que ha tomado su gobierno con lo que, según él, hizo Aznar: congelar el sueldo de los funcionarios, las pensiones y el salario mínimo. «Se pueden crear nuevas prestaciones sociales como las ayudas a las personas dependientes o las ayudas al alquiler para jóvenes -añadió-, o se pueden estancar, sembrando siempre una insidiosa sospecha sobre su gestión pública. Nosotros hemos decidido crear estas ayudas y mantenerlas».
El secretario general de los socialistas uso el eslogan del congreso clausurado ayer, «La fuerza del cambio», para explicar que en su concepción el cambio no es sólo alternancia. En línea con la advertencia que hizo el viernes a los compromisarios (el PP «no va a parar» las reformas sociales del PSOE), Zapatero volvió a señalar que piensa en la «transformación de nuestra sociedad para que los valores humanos prevalezcan sobre el dinero y el poder».
Nuevas ideas
Por eso ayer desveló el nombre de la macrofundación Ideas, que va a ser un «think tank» al estilo anglosajón, que, en conexión con los principales institutos de pensamiento progresista del mundo, como Policy Network y otros, trabajará por refrescar las ideas del partido.
Un partido que representa «a la España que confía en sí misma. La España que se sabe protagonista de un histórico éxito colectivo», dijo Zapatero volviendo a su optimismo antropológico. «No es historia, es biografía. La vida de una gran parte de los españoles de hoy. Nosotros representamos y formamos parte de esa España que fue capaz de conjurar su maleficio. Nos sentimos protagonistas y orgullosos herederos de toda esa experiencia colectiva. Formamos parte de unas generaciones de españoles a los que las dificultades ni nos asustan, ni nos paralizan. Y, además de ser capaces de valorarlas en su justa medida, somos capaces de afrontarlas con el coraje y la tranquilidad de ánimo de quien está seguro de poder superarlas». Para concluir, hizo una advertencia a su partido, que suena a no repetir lo que ocurrió el PP en los pasado meses, y también en el PSOE hace años: «Un partido unido en el gobierno es un partido de seguridad para los españoles. Un partido capaz de debatir ideas y marcar el horizonte de futuro es un partido que da tranquilidad a la ciudadanía». Sobre todo cuando vienen tiempos «complicados» en lo económico.
















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