Bibiana Aído consiguió entrar en la foto
Bibiana Aído se hace con un sitio en la foto
Las féminas del PSOE escenifican mejor el «buen ambiente» entre la vieja guardia
Cuestión de sexo, o de seso, que parece que las féminas metabolizan mejor las decepciones políticas. A diferencia de sus compañeros varones y «barones» -lo que dijo ayer Ibarra aún truena en el Congreso-, que no disimulan lo que les separa, las mujeres socialistas sí saben escenificar el «buenrollismo» entre la vieja y la nueva guardia sin fisuras aparentes.
Bajo la mirada complacida de José Blanco, el perejil de todas las salsas de este cónclave, se pudo ver como una «pata negra» como Matilde Fernández abrazaba y saludaba con un «¡hola, pequeñaja!» a Fernández de la Vega, que llegó al plenario casi de madrugada para ser sábado, nueve y media de la mañana, para hablar en el acto que conmemoraba el 30 aniversario de la Secretaría de Igualdad. Sean treinta años o veintiséis, fue una tan bonita como nada subliminal manera de recordarnos el porqué del Ministerio de Igualdad y transmitir que no vive de las ocurrencias. Su titular, Bibiana Aído, también estaba, aunque sólo se la intuyó en el posado oficial. Blanco porfiaba tanto por estar al lado de De la Vega que apenas le dejaba sitio para que se colocase en la fotografía, hasta que Aído, cual delantero voluntarioso, fue buscando su espacio a base de codazos. A eso se llama una imagen como metáfora. Luego habló, subrayó que las féminas socialistas nunca se sintieron solas? salvo ayer, puesto que con la excepción de Blanco y Pedro Zerolo, ningún compañero se acercó a su rinconcito, cuando no pasaban de largo. Fuera del escenario físico, pero parece que no del mediático, dado el fervor con el que le siguieron las cámaras, estaba una Carmen Romero sin Felipe González, una Alborch dicharachera y una Carmen Calvo silenciosa e inmóvil cual cariátide.
Sorprendió, aunque sólo fuera por la ocasión, la ausencia de Trinidad Jiménez, Chacón o Leire Pajín, que se hizo desear, y mucho, por los periodistas, ya que el run-run de que sería la número tres del partido le convirtió en la pieza más codiciada. Da igual que por el plenario se pasease Caldera con cara de «no tengo nada qué decir» aunque nadie se acercase a preguntarle o que a Zerolo sólo le faltase besarse a sí mismo de tantos ósculos como repartió. Sólo había ojos para Pajín, que se hizo de rogar.
















0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada