El líder del PP no variará principios, pero sí fórmulas para centrar más al partido
Presenta su candidatura con la promesa de llevar a su formación a La Moncloa
Mariano Rajoy presentó ayer su candidatura a la presidencia del PP y pidió el voto a los 2.774 compromisarios que acudieron a Valencia (de los 3.025 que hay en total) con dos promesas: mantener la unidad del partido y ganar las próximas elecciones generales. El primero de los dos discursos con los que dejará su huella en el XVI Congreso Nacional fue la plataforma desde la que escenificó el nuevo giro al centro, con el que cierra una etapa y abre otra en cuanto a equipo y estrategia. Fue reelegido con un apoyo mayoritario. En total, 2.187 compromisarios le apoyaron, 409 votaron en blanco, 131 se abstuvieron y 47 votos eran nulos. «Soy el presidente del PP porque vosotros habéis querido», dijo a los asistentes tras conocer los resultados.
Minutos antes ya aseguró que iba «a trabajar sin descanso para que este partido consiga las metas que se ha propuesto y permanezca unido. Necesito la ayuda de todos, y la pido. No tengo enemigos ni adversarios. En esta casa todos somos compañeros que comparten el mismo empeño». Y se bajó del atril repitiendo la misma idea con la que abrió su discurso: «Me siento con fuerza, capaz y con ilusión para ganar las próximas elecciones generales».
Se esforzó en explicar que el PP seguirá siendo el mismo, que no cambiará una coma de los principios, pero que sí se van a modificar los «procedimientos» para ser más «atractivos, más convincentes» y ensanchar el caudal de voto. Y eso implica «sembrar mejor», es decir, mejorar la difusión de ideas, desplegar el abanico de la oferta y estar dispuesto al diálogo con todos. «Vamos a seguir haciendo las mismas cosas, pero mejor».
Una de las polémicas de la ponencia política que han coleado hasta el final han sido las referencias al PNV, ya que su contundente planteamiento inicial, tal y como quedó en la redacción de San Gil, chirriaba con la nueva estrategia de diálogo con todos. La ponencia se ha modificado en ese punto, con la abstención del PP vasco, y Rajoy no se anduvo con rodeos al defender el diálogo con el nacionalismo. «¿Cómo no vamos a poder dialogar con los nacionalistas para propiciar el bienestar del conjunto de la sociedad?», se preguntó. Las diferencias irreconciliables, como subrayó, sobre unidad de España, soberanía nacional e la igualdad de los españoles no son en esta nueva etapa un obstáculo para buscar acuerdos razonables con ellos. Rajoy no hizo, por cierto, ninguna alusión a la aún presidenta del PP vasco.
Sí habló de un partido moderado, dedicado al servicio de los ciudadanos, de la libertad, de la igualdad... Los nuevos tiempos vienen hasta con nuevo lenguaje. Todo al servicio de lograr que la imagen del partido no provoque rechazo en comunidades decisivas como Cataluña o País Vasco.
















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