De hábil estafador a cruel secuestrador
Rodríguez Pueyo, presunto jefe de la banda que asaltó al empresario de Sanlúcar Rafael Ávila, es un viejo conocido de la policía que se ha visto envuelto en grandes enigmas criminales de los últimos tiempos.
Saltó a la fama mediática con el «caso arny». Ahora se le relaciona con el secuestro de un empresario gaditano.
En España no les funcionan los secuestros a los delincuentes. Los geos, de forma muy brillante, han desbaratado, el último hace sólo unos días, el más largo por motivos económicos desde hace mucho tiempo. La gran sorpresa es que el presunto jefe de la banda es un conocido estafador: Luis Miguel Rodríguez Pueyo, de 66 años, que ha participado de una u otra forma en algunos de los más enigmáticos casos criminales. Fuentes policiales sitúan el comienzo de su carrera criminal en 1977, cuando estuvo implicado en la desaparición de un industrial, Felipe Batlló, por lo que fue condenado en la Audiencia de Madrid a doce años de prisión.
Un circo informativo
Su gran éxito mediático fue en 1997, cuando el juicio del pub Arny, en Sevilla, donde decenas de personas fueron acusadas de abusos de menores en el local. El caso se convirtió en un gran circo informativo porque entre los acusados había varios famosos. Los testigos, en principio menores, fueron creciendo mientras se investigaba el gran caso de la pederastia español que acabó pinchado como un globo. Los principales acusados, entre ellos el juez de menores de la capital, resultaron absueltos por las contradicciones y falta de pruebas.
A Rodríguez Pueyo se le acusó de participar en reuniones sexuales en un piso de la calle Betis donde presuntamente se grababan imágenes que luego se emitían en el pub Arny. La acusación no tenía demasiada fuerza, porque al final Pueyo sólo fue condenado a un año y unos meses de cárcel. Sin embargo, el proceso le catapultó a la fama. Dotado de un talento natural para el espectáculo, Luis Miguel acudió a las sesiones disfrazado de una forma histriónica e impertinente. La primera vez que se recuerda llevaba un disfraz de nazareno y una máscara, por lo que se le nombra como «el nazareno del Arny». También se dejó ver con sombrero tirolés, espectaculares gafas de colores y bigote falso.
Los días que asistió con algún aditamento que le tapaba la cara era fácilmente reconocido, pero su verdadera faz no fue mostrada. Las fotos que se le hicieron dejan ver un rostro blanco, lo que contrasta plenamente con un caradura. Porque Rodríguez Pueyo es en esencia uno de los grandes estafadores de todos los tiempos que lleva más de treinta años entrando y saliendo de la cárcel.
Se recuerda que según los más viejos de la UDEV, Unidad Policial Contra la Delincuencia Especializada, Pueyo intentó estafar a Publio Cordón, empresario de Zaragoza. Con esa persistencia en el delito y la facilidad para salir bien librado que se le puede apreciar, este presunto secuestrador fue descubierto en 1999 cuando encabezaba una red de estafadores. Se le imputaron más de media docena de fraudes inmobiliarios y otros tantos timos relacionados con la compraventa de vehículos. Su detención evitó delitos que la policía cifra en más de ciento cincuenta millones de las antiguas pesetas relacionados con una estafa a un banco y a una conocida inmobiliaria. El secuestro del empresario de Sanlúcar, Rafael Ávila Tirado, tiene tintes de crueldad e improvisación. Esta actividad delincuencial precisa de una organización fuertemente jerarquizada para mantener aislada a la víctima, algo casi imposible en estos tiempos.
Hábil y humorístico
El empresario fue retenido durante dieciséis días, casi siempre encadenado, en una casucha en Almonte, haciendo sus necesidades en una lata y muy presionado psicológicamente. La policía sospecha que Rodríguez Pueyo es el gran organizador de la trama. Les sorprendió encontrarse con papeles a nombre de Joaquín Rodríguez, supuestamente un hermano fallecido del presunto secuestrador.
Pero al cotejar las huellas del supuesto capo de la trama se descubrió que estaban ante el conocido Luis Miguel Rodríguez Pueyo, al que los más veteranos de la unidad recordaban como hábil, humorístico e histriónico.
















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